El nuevo rescate griego ha multiplicado los problemas

Tsipras

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, dimite a los siete meses de llegar al poder

Toda solución que no resuelva el problema lo multiplica, y este es el caso del tercer rescate financiero de la Unión Europea a Grecia. La UE ha dicho que “la quiebra de Grecia es mi problema” y ha hecho que sea el problema de todos los que estamos en la zona euro.

Es tal la inseguridad y la división en Grecia sobre todo el proceso que el propio primer ministro del gobierno griego, de extrema izquierda, Alexis Tsipras, ha tenido que dimitir tan solo siete meses después de haber ganado la mayoría de gobierno. Abriendo un nuevo proceso electoral y añadiendo un problema de inestabilidad que afecta a la zona euro.

Inestabilidad e incertidumbre: ¿quien garantiza que el nuevo gobierno y parlamento griegos se comprometan a cumplir los acuerdos del rescate firmados con la Unión Europea? Nadie.

Por otra parte, el problema de la deuda griega ha aumentado en casi 100.000 millones de euros más, que los gobiernos de la zona euro se han comprometido a prestar a Grecia, sustrayéndolos de sus contribuyentes nacionales.

El problema de la confianza política no se ha resuelto sino que se ha extendido, porque quienes han defendido que se apoye el acuerdo han manifestado a la vez su desconfianza en que se cumpla.

El caso más paradigmático es el del ministro de economía alemán Wolfgang Schäuble que dijo esta semana en el parlamento alemán que “no hay garantías de que esto (el acuerdo con Grecia) vaya a funcionar” y acto seguido pidió el apoyo de la mayoría para ratificar el acuerdo.

Un acuerdo que nace de la desconfianza
no genera confianza

La desconfianza sobre Grecia está basada en que no ha cumplido con los dos rescates financieros anteriores, y que ha desarrollado un sistema para engañar a sus acreedores y las instituciones europeas.

Cualquiera que lea y analice minuciosamente las 29 páginas del acuerdo de la UE con Grecia para rescatar por tercera vez a este país de su quiebra, verá que la clave del mismo es que la financiación está condicionada al cumplimiento de todas las normas estipuladas que serán revisadas trimestralmente por la UE y el Fondo Monetario Internacional.

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La canciller alemana, Angela Merkel, y su ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble

¿Y cuales son estas normas que se estipulan? En función de este acuerdo, Grecia es un país intervenido plenamente. No vigilado sino intervenido, lo que significa que tiene que cumplir las normas impuestas por la Unión Europea y sus organismos. En su legislación nacional, en su sistema estadístico, en su sistema administrativo, en su programa de privatizaciones, en su sistema fiscal.

No hay un solo apartado de la vida nacional griega que no haya sido intervenido por este acuerdo. El acuerdo incluye hasta las medidas anti-corrupción que Grecia está obligada a adoptar, incluso cómo debe cambiar su administración y su sistema estadístico.

¿Significa esto que Grecia vaya a cumplir con este acuerdo? No. Y no solo porque no quiera, sino también porque no pueda. Lo que nos conduce a otra serie de problemas internos de Grecia y de la Unión Europea.

La UE ha creado un mal precedente

La inestabilidad social y política de Grecia afecta a la UE en su conjunto y a cada uno de sus países, a nivel interno y globalmente.

Uno de los nuevos problemas que ha añadido este tercer rescate a Grecia es el precedente que hasta ahora no existía. Un país de la zona euro puede recurrir desde ahora con todo derecho al precedente griego y aspirar a que si sufre una quiebra pueda ser ayudado con el dinero de los contribuyentes europeos hasta en tres ocasiones. Algo que la UE no resiste.

Es un hecho probado y no una hipótesis. Quienes piensan en la improbabilidad de los sucesos hay que recordarles que se consideraba imposible el corralito en la zona euro, y ya se ha producido en Grecia.

¿Cree alguien que los problemas de Grecia no van a asociarse a los problemas de la zona euro en toda su dimensión, política, financiera y social?

Sin embargo, confieso que uno de los aspectos más sugerentes de este caso, en términos intelectuales, es observar como una mente científica como la de la canciller alemana Angela Merkel -doctorada en química física- arrastra a todos los demás países euro a un acuerdo con Grecia que carece de lógica y que sus propios defensores -incluido su gobierno- consideran sin garantías de que se cumpla.

¿Quien puede garantizar que el nuevo gobierno y parlamento griegos nacidos de las elecciones de septiembre admitan estos acuerdos con la UE?

Son cosas de la política menuda, que reduce el saber y sus beneficios a un mero mecanismo de poder a cualquier coste, aunque ello represente más problemas y perjuicios para todos. Y sobre todo, más debilidad. ¿Ha ganado en fortaleza la UE yendo al tercer rescate de Grecia?

AS © 2015

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