La política del low cost

La étiqueta del low cost como símbolo del recorte y abaratamiento

La étiqueta del low cost en Google como símbolo del recorte y abaratamiento político, social, y económico

El abaratamiento de la política forma parte del fenómeno low cost que ha invadido nuestras vidas, y que básicamente consiste en popularizar la idea de sustituir la calidad por lo más barato. Un proceso de devaluación en todos los órdenes, y no solo en lo político.

No es casualidad que la pérdida de prestigio, credibilidad e influencia de los políticos, medios de comunicación e intelectuales sea consustancial con este fenómeno. Cuando prima la demagogia y el ruido mediático sobre la calidad del debate político e intelectual, este se abarata y devalúa.

Se reclama una enseñanza de calidad, al mismo tiempo que se pide rebajar las notas y se eliminan las evaluaciones más exigentes. Mientras se devalúa la enseñanza se demandan trabajos de calidad. Una contradicción. Se exigen servicios de calidad mientras bajan los sueldos y aumentan las ofertas de low cost. Un imposible.

El low cost además de una etiqueta comercial es hoy un fenómeno sociológico. Se denuncia que en España prima la televisión basura. Y ¿por qué ocurre esto? [Read more…]

El analista de información sí tiene futuro

infoanalistas

Una de las redes dirigidas a los profesionales que ofertan trabajo para los analistas de información

¿Por qué el Ministerio de Defensa, MAFRE, universidades británicas, o los servicios de inteligencia canadienses demandan hoy analistas de información?

El analista de información es una de las nuevas profesiones con más futuro. Porque el análisis de la información determina el todo en la dirección y gestión de las empresas, política, educación, sanidad y en cualquier sector.

La revista ‘Periodistas’ que publica la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y que dirige uno de los buenos profesionales del periodismo, Jesús Picatoste, me pidió un artículo sobre la nueva profesión del analista de información, que ha sido publicado en su último número (Abril 2016). [Read more…]

España y las tendencias de futuro

Los resultados del último estudio que he dirigido sobre el impacto de los intangibles en todo el mundo (ver conclusiones), ilustran muy bien las expectativas de España respecto a las tendencias de futuro.

La síntesis cabe en la quinta parte de un mensaje de twitter: regenerarse o morir.

¿Que distingue a los mundos emergentes? La capacidad de regeneración de sus sistemas, que les lleva a impulsar los cambios intelectuales, científicos, morales, empresariales, políticos y económicos.

Los datos del citado estudio constatan como los intangibles de información ya son la primera fuente de generación de valor para las corporaciones, universidades, industrias o administraciones de todo el mundo. En su último informe el Banco Mundial establece que el 80% del progreso y la riqueza en los países de la OCDE es capital intangible, y solo el 20% restante al producido por los recursos naturales y de producción (ver resultado)

Casos como los de la NASA, las grandes marcas mundiales, las nuevas reformas fiscales de Obama, los modelos de Oklahoma o Austria, las políticas culturales y de comercio turístico de países como México, Japón, Vietnam o Corea del Sur, las inversiones de la Unión Europea en este campo…todos, en los más de cien casos evaluados, han hecho de los intangibles de información su fuerza motriz. Incluidos algunos casos españoles.

Es un cambio que está en la naturaleza y la lógica de la nueva sociedad de la información. “El capital de la información es la materia prima para crear valor en la nueva economía”, señalaba ya en 2004 uno de los estudios publicados por la Harvard Business School (Robert S. Kaplan, David P. Norton). No asumir de facto esta realidad es perder el tiempo, las energías, y lo que es más trascendente, perder la visión global de lo que representa el mundo hoy.

Entre la decadencia y los mundos emergentes

¿Y cual es la situación de España y de sus dirigentes respecto a esta realidad de cambio? España sigue en la inercia. La corrupción de su sistema que proyecta la actualidad diaria en todos los órdenes, mata todos los esfuerzos que se hacen en los distintos ámbitos para impulsar un cambio que le sitúe entre los que dominan el futuro.

Esta inercia es la lógica de un modelo de crisis dominado por la entropía que va reduciendo progresivamente su capacidad de regeneración, hasta anularla. Cuando se cambia un modelo de valores por otro de contravalores como hizo Zapatero desde su llegada al poder en 2004, el sistema comienza a ser dominador por un desorden entrópico en cada rincón de la vida y la convivencia social. Desmembración del Estado, confrontación social,  pérdida de libertades, el incumplimiento de las reglas y la degradación del imperio de la ley. Y todas las consecuencias que las personas viven y sufren de continuo en un proceso de desvalorización del ser personal, social, y de la nación. Ante sí mismos y ante los demás.

No hay futuro sin regeneración, que es la fuerza nuclear que potencia la evolución, tal como nos enseña la historia, y que es la base de la civilización del mundo libre que ha desarrollado el ser lo que somos y lo que queremos ser.

Puede parecer novedoso hablar de una ‘Administración de los intangibles’ y hasta resultar sorprendente el preguntarse si debería haber una, pero ya se planteó en 1935 en un ensayo publicado en la revista Harvard Law Review, a propósito de una disputa legal de la época. El mundo de los intangibles no es nuevo, lo que es nuevo es que la sociedad de la información hace de ello la principal fuerza del sistema y de su ciencia.

Hoy hay que decidir entre la decadencia y los mundos emergentes. Las tendencias de futuro son dominantes, y por tanto determinan los resultados de cualquier aspecto fundamental de nuestra vida.

He tratado de plasmar las claves de este desafío en sendos ensayos que he escrito en las publicaciones de pensamiento y cultura Nueva Revista  (Una estrategia global para España: tendencias de un nuevo contexto mundial), y  Cuenta y Razón (El modelo para España). Publicaciones que en el panorama intelectual español son precisamente referencias del pensamiento critico y regeneracionista.

La nueva sociedad civil

Lo que hace fuerte a la democracia es su sociedad civil no sus gobiernos ni el poder político. Como en otras épocas, hoy también la crisis del sistema y el deterioro de la vida pública se refleja en el hundimiento de la credibilidad de la clase política. En España la clase política ya está considerada como el tercer problema para los españoles, con el 20 por ciento, detrás del paro y la economía (Barómetro del CIS, 1/2011).

El experimento socialista en España ha hecho del sistema un modelo entrópico sin capacidad de autoregeneración, y como respuesta vienen creciendo los grupos sociales que tratan de potenciar el espacio -y protagonismo- de la sociedad civil. Un fenómeno que por otra parte es global y expansivo. Producto, además del creciente rechazo y desapego de la clase política (y mediática), del desarrollo tecnológico que facilita poderosas herramientas de comunicación personales y organizativas.

Por eso merece la pena reflexionar sobre la necesidad de dotar al concepto clásico de la sociedad civil, una nueva visión acorde con lo que representa la globalización y la sociedad de la información. De lo contrario puede llegar a desnaturalizarse el propio concepto de sociedad civil, como ya está ocurriendo. Basta entrar en Internet y se comprueba que en la sociedad civil cabe todo y se mezcla todo. A este concepto se asocian organizaciones medioambientales, sindicatos, ONGs, lobbys, grupos de género, étnicos, de lucha contra la pobreza, y hasta la propia ONU incluye a la sociedad civil en sus programas. Todo cabe en este concepto colectivista de sociedad civil, hasta los gobiernos y los poderes públicos.

Contra la sociedad tutelada

Pero nada de eso responde al ser, la conciencia, y la función que tiene la sociedad civil. Etimológicamente la Academia Española lo define muy bien: la sociedad civil se sitúa “en el ámbito no público” y es “una sociedad de los ciudadanos y sus relaciones y actividades privadas” (RAE). Es el ser que han venido dando los clásicos y los pensadores modernos a lo que representa la sociedad civil en defensa del bien común y frente a los abusos del poder político.

De la conciencia de la sociedad civil emana su defensa de la igualdad frente a los privilegios de la clase política; la transparencia frente a la opacidad y la corrupción; la defensa de la libertad individual y los derechos de la persona como tal; la demanda de elecciones libres y directas; la promoción del conocimiento y el progreso; la defensa de los derechos humanos; de la seguridad jurídica frente a la arbitrariedad; y el control político. Es la sociedad la que tiene que controlar al poder político, y no al revés, como ya ocurre en España.

La fuerza y energía de la sociedad civil nace de esta conciencia, que si no arraiga en los individuos no se traslada a la vitalidad de la sociedad. Son estos valores de la sociedad civil los que le dan una función protagonista en el debate y la vida pública. Son valores propios de la democracia liberal, y ese es el modelo que le toca vigilar, defender, y promover a la sociedad civil, sin dejarse invadir por las teorías y prácticas de democracias populistas o socialistas que utilizan todos los medios para su único fin, el de una sociedad tutelada.

Una de las principales perturbaciones intelectuales e ideológicas en los últimos años es confundir lo popular con lo populista. La sociedad civil es en sí misma el pueblo, mientras que la llamada democracia populista o socialista es la tutela y control de la sociedad. La tiranía de lo políticamente correcto. [ Ver artículo La sociedad popular publicado en 2003 ]

Por otra parte, la sociedad civil no es una institución, es una constitución. Un cuerpo vivo constituido por personas, y por tanto únicas, que hacen de sus derechos de libertad y autonomía la razón de participar y organizar su vida y su futuro. Sin admitir que lo hagan otros. Es lo que hace que la sociedad civil se distinga por su espíritu crítico.

Otros artículos del autor relacionados con el tema:

Una sociedad consciente
Una sociedad alineada
El valor de una sociedad moderna
Apaciguar a la sociedad
La sociedad vencida
La sociedad zombi

El futuro ya ha cambiado

antxon2010Uno de los conceptos que más se ha extendido en los últimos tiempos es el de la descodificación. “Descodificar los medios de comunicación”, se titula una de las secciones del New York Times. “Los científicos descifran el genoma de fósiles con 3.000 millones de años”, destaca el Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Boston en las noticias de su web. Las páginas web son información codificada.

Codificar y descodificar es un proceso de información, y la razón para que se propague este concepto está en el salto producido por las tecnologías de la información. Todo es información y toda información, por su propia naturaleza, está codificada.

Pero este hecho no es más que un botón de muestra de lo que son los fundamentos del cambio de este siglo. En coyunturas de cambio de año y década como ha supuesto la entrada en el 2011 se hacen balances y predicciones, y por lo que he observado en esta ocasión han estado dominados por la idea del cambio que nos depara el futuro en todos los aspectos de la vida. Pero el futuro ya ha cambiado en dos aspectos: la dimensión y la potencia, que son dos fundamentos que modifican el todo que hasta ahora había conocido el hombre.

imagen de guantes que hacen de interfaz con el ordenadorComentando su película Minority Report, le oí decir el otro día en una televisión a Steven Spielberg que el mayor poder del hombre es poder tener la información de lo que va a pasar cinco minutos más tarde. Bueno, un estudiante del citado MIT acaba de crear un prototipo de hardware con el que el usuario puede modificar los contenidos de la pantalla a través de una sencilla webcam y portando unos guantes de lycra que hacen de interfaz (ver imagen adjunta) al estilo de como lo hacía Tom Cruise en el citado film.

Una nueva intensidad

Un rasgo con el que es fácil medir la nueva potencia del cambio, es la intensidad que domina la vida cotidiana.

Diariamente se pueden contabilizar en todo el mundo más de diez descubrimientos, y un centenar de innovaciones que cambian todos la vida en nuestro planeta

Yo lo suelo contabilizar. La penúltima: “Un grupo de científicos de Georgia (Atlanta) han logrado descodificar la secuencia del genoma de la fresa”.

Dias antes se daba a conocer el descubrimiento de Felisa Wolfe-Simon, que ha cambiado otro de los fundamentos de la ciencia: el arsénico, considerado hasta ahora únicamente como un veneno mortal, crea vida. [Esta científica ha codificado divertidamente el nombre del microbio con las iniciales GFAJ, que significan en inglés “dar un trabajo a Felisa” (Give Felisa a Job), en recuerdo de las penurias que pasó esta científica para encontrar empleo].

Sin embargo, el dato más definitivo de lo que ha significado el cambio del futuro es la propia dimensión del ser humano. Ha descubierto que somos información, y que eso significa estar en la dimensión de lo intangible y lo global. En la nada intangible y en el todo físico al mismo tiempo. Son dos dimensiones que forman parte del nuevo todo humano y cotidiano. La información es una materia intangible, y la tecnología su materialización física en el nuevo medio de desarrollo del hombre. Todo lo demás es consecuencia.

El futuro ya ha cambiado. Irreversiblemente.


Un mes después se publicaba este artículo en el Financial Times: Como la crisis nos ha catapultado al futuro. Ver también Un nuevo sistema para gestionar la incertidumbre