Por qué la democracia necesita el ‘factor conservador’

conservativeEl ‘factor conservador’ es el elemento que da consistencia y equilibrio al sistema de la democracia liberal, y rechaza el aventurerismo de populismos y radicalismos. Esta es, por ejemplo, la razón por la que el crecimiento y desarrollo de las clases medias fortalece la democracia y, por el contrario, que su empobrecimiento deteriore el sistema.

Las fuerzas populistas y radicales crecen en un clima social y económico dominado por la crisis, paro y empobrecimiento, que no son precisamente elementos a conservar. Pero estas fuerzas también crecen cuando la sociedad y las instituciones no invierten lo necesario en valores éticos, morales y democráticos, como valores sustanciales a defender y conservar. Facilitando así la progresiva implantación de un modelo de contravalores, mediante un marketing demagógico y populista.

La nación es un elemento a conservar, y si el propio presidente del gobierno relativiza su valor, lo plantea como discutible y empieza a dibujar figuras abstrusas como la de una España nación de naciones (caso del socialista Zapatero cuando ejerció), cada vez serán menos los ciudadanos que defiendan conservar la nación. Les dará igual hacerlo que no.

El fin del bipartidismo no es una amenaza para la democracia,
la pérdida de los valores conservadores sí

Los cambios políticos no suponen un vuelco del sistema cuando el elemento conservador impregna el todo de la nación: sociedad, instituciones y la mayoría de fuerzas políticas. Hoy se habla del fin del bipartidismo como una amenaza para la estabilidad democrática, y no es así cuando el sistema está dominado por el factor conservador.

Cuando en Estados Unidos surgió una nueva fuerza conservadora como el Tea Party, no se planteó que fuese una amenaza para el sistema. Mientras que en Europa si se hace este planteamiento con la implantación de nuevas fuerzas radicales y populistas de extrema izquierda como Podemos en España y Syriza en Grecia. La diferencia es sustancial e ilustrativa: en Estados Unidos surge una tercera vía conservadora porque los ciudadanos y la sociedad hacen valer su elemento conservador, y en Europa emergen y llegan a gobernar las fuerzas anti-sistema porque hay amplios sectores que no valoran el elemento conservador del sistema democrático.

Para ganar votos y representatividad en democracia los partidos están obligados a desarrollar políticas que les asegure a los ciudadanos conservar su bienestar, estabilidad, libertades, seguridad, y un nivel y calidad de vida. Las ideas y preferencias políticas pueden ser diferentes, pero domina lo que se conoce como “instinto de conservación”. Innato en el ser humano y que en términos históricos y políticos Russell Kirk desarrolló en el siglo XX en su obra ‘The Conservative Mind’, que ya ha sido publicada en 35 formatos y ediciones.

Sin valores conservadores la socialdemocracia desaparece

Merkel

Los socialdemócratas alemanes han tenido que agarrarse a los valores conservadores y por eso gobiernan en coalición con la conservadora Angela Merkel

En la izquierda la socialdemocracia es un partido de gobierno porque ha tenido en cuenta el elemento conservador que anida en las personas y la sociedad. Y en los países donde ha ido perdiendo fuerza, es porque ha perdido esa identidad conservadora y se ha dejado arrastrar por la izquierda radical. Ha pasado en Grecia, donde los socialistas se han convertido en marginales. En distinta medida está pasando en España. Y no ha pasado ni en Alemania ni en Francia.

En el caso alemán porque el factor conservador les ha llevado a los socialistas a gobernar en coalición con la mayoría democristiana de Angela Merkel, y en el francés su gobierno está tratando de superar su drástica caída de popularidad apelando a los elementos conservadores de la sociedad. ¿Qué hace el nuevo primer ministro socialista galo, Manuel Valls, para recuperar confianza y apoyo popular? Recurrir a los elementos conservadores que son comunes en la mayoría de los franceses: patria, seguridad, bienestar, ahorro…Pero lo mismo pasó en el Reino Unido con el socialista Tony Blair, que recurrió a lo que llamó ‘tercera vía’ y no a los dogmas socialistas, para apelar a los elementos conservadores de la sociedad y así ganar la mayoría tras la herencia conservadora de Margaret Thatcher.

Todo cambio que no sea para preservar lo mejor,
conduce a lo peor

Una de las falacias de la demagogia política es asociar el conservadurismo con el inmovilismo, cuando es exactamente lo contrario. Como principio, cuando se defiende el bien común, que es lo propio de una democracia sana, las reformas y cambios son para mejorar y por tanto para conservar lo conseguido. No se defienden los cambios para empeorar, aunque en la práctica haya políticas que conduzcan a ello.

Cosa distinta es confundir los cambios políticos con un vuelco del sistema, como hacen la extrema izquierda y los separatistas. Estos no venden un cambio político para mejor conservar el sistema, sino políticas de ruptura del sistema democrático constitucional.

Despreciar y no potenciar la fuerza conservadora de la naturaleza humana y la sociedad, hace que todo vaya a peor para el ser humano, su sistema de vida y de libertades. Conduce a la decadencia de la democracia.

AS © 2015

 

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