Escocia voto ‘si’ al Estado-nación

LOS DESAFIOS QUE VIENEN

  • Preservar el liderazgo occidental ante sus dos grandes amenazas: el virus separatista y el terrorismo islámico
  • La lección de Escocia y por qué España se juega el todo en el envite separatista

No-to-independenceNo hay nada de mayor valor simbólico en una democracia que el perdedor de una consulta electoral acepte la derrota y dimita. Es lo que hizo ayer el lider de los independentistas y jefe del gobierno escocés, Alex Salmond, tras perder el referéndum separatista. Dimitió, después de reconocer que en el referéndum había triunfado el ‘si’ a la permanencia y unidad del Reino Unido.

Lo que se dirime en los procesos independentistas y secesionistas actuales dentro de nuestras democracias es la ruptura del Estado-nación, que ha sido el modelo de mayor poder, libertad y progreso de la era contemporánea en todos los órdenes. Por eso, en el referéndum independentista escocés del 18 de Septiembre de 2014 no se votaba solo si Escocia abandonaba o no el Reino Unido, sino si se rompía un modelo de Estado-nación de más de trescientos años que además representa la democracia más antigua.

Los resultados y las reacciones en todo el mundo revelan la trascendencia de la defensa del modelo de Estado-nación. La victoria con casi once puntos de diferencia de los partidarios de la unión del Reino Unido (55,30% vs. 44,70%) ha significado que en 28 de las 32 circunscripciones electorales han sido mayoría los que han votado en contra de la ruptura. Un resultado claro con una participación histórica del 85%.

Las propias reacciones a los resultados han reflejado que los gobiernos europeos, la UE, OTAN y los propios mercados financieros celebraban estos resultados porque de haber sido el contrario suponía una amenaza para todos los sistemas del poder occidental: político, de seguridad, económico-financiero y social. Porque esa es la amenaza que representa la ruptura del Estado-nación. Y los líderes de la UE y la OTAN lo dejaron muy claro: romper con el Reino Unido significaba salir de la Unión Europea y de la OTAN.

Preservar el liderazgo occidental

Las democracias occidentales se enfrentan a dos grandes amenazas. Una interna, que es la del virus nacionalista del separatismo rupturista, y otra externa, que es la del terrorismo islamista. El liderazgo occidental está basado en la fortaleza democrática de sus Estados-nación y sus libertades, y todo lo que no sea defender este principio conduce a su fragmentación y declive. Se abre un proceso de descomposición e involución democrática que progresivamente va destruyendo todas las libertades.

Por eso hay que hacer un retrato del papel que están jugando sus actores. En Escocia conservadores, laboristas y liberales se han unido en defensa de la unidad del Reino Unido, y han ganado frente al separatismo rupturista. En la OTAN, gobiernos de distinto signo, de centro-derecha y socialistas se han unido para participar en mayor o menor medida en la coalición liderada por Estados Unidos contra el terrorismo islamista. Esto es lo que contribuye a preservar el liderazgo democrático occidental frente a las amenazas.

La lección de Escocia y por qué España se juega el todo en este envite

El referéndum independentista escocés ha sido una lección para España no por la celebración del mismo, que en la Constitución española no cabe, ni por sus resultados, sino porque las reacciones al mismo han hecho ver las consecuencias irreparables a las que conduce la ruptura del Estado-nación.

España se juega el todo en este envite porque no solo se enfrenta a la amenaza de ruptura del separatismo nacionalista y al terrorismo islámico, sino también al terrorismo etarra que ya ha conseguido instalarse en las instituciones locales y nacionales, y que es un eje-motor totalitario en el proceso diario de la ruptura de España, que alimenta a todos los sectores independentistas y anti-sistema.

Un desafío de esta envergadura implica no solo una visión de Estado de sus líderes, gobernantes e instituciones, sino sobre todo una fortaleza efectiva real, de inteligencia y coraje en las decisiones personales y de las organizaciones publicas y privadas, porque la libertad y la democracia sobreviven por su fuerza y caen por su debilidad.

Lo importante de una democracia no son sus amenazas sino sus valores y fortaleza para hacer frente a las mismas y derrotarlas.

AS © 2014

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