Los españoles ya eligieron la monarquía parlamentaria

No hay nada más antidemocrático que poner en cuestión la legitimidad de lo ya decidido democráticamente por la mayoría. Y los españoles ya se pronunciaron por abrumadora mayoría en sendos referéndums por el actual régimen constitucional de monarquía parlamentaria. Por eso hay que responder a quienes hoy quieren cuestionar el modelo de Estado.

En los almuerzos-conversaciones que tuve bis-a-bis con el histórico secretario general del Partido Comunista, Santiago Carrillo, me confesó que habían aceptado la Constitución y la Monarquía, porque representaba un régimen plural y de libertades. Fue su respuesta tras recordarle por mi parte que años antes había asistido a uno de sus mítines en Whitehall (Londres), cuanto todavía el Partido Comunista era ilegal en España, donde él declaró que nunca aceptaría la monarquía del Rey Juan Carlos. Carrillo me dijo que había que tener en cuenta el cambio democrático del nuevo régimen constitucional traído por la monarquía para entender el cambio de posición de los comunistas.

La democracia española es el resultado de la Transición democrática y la Constitución, aprobados por sendos referéndums populares. Guste o no la Transición democrática nace de la ley de Reforma Política aprobada por las Cortes franquistas el 18 de Noviembre de 1976 para que sea sometida a referéndum y da paso a una nueva Constitución, dejando claro desde el articulo 1º.1 que “La democracia en el Estado español se basa en la supremacía de la ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo”. Asimismo establece el ordenamiento de “la iniciativa de la reforma constitucional” (art.3).

El referéndum de esta ley fue aprobado por el 94,2% de los españoles el 15 de Diciembre de 1976. Y el referéndum de la Constitución que salió de esta ley fue aprobado dos años más tarde, el 6 de Diciembre de 1978 por el 87,9 de los españoles. La actual democracia española es por tanto producto de la reforma democrática directa y consensuada por la izquierda y la derecha, y respaldada por la inmensa mayoría de los españoles.

Es una transición pacífica en la que se garantizan las libertades de todos, y gracias a todo ello España pasó a estar entre las democracias de primera fila del mundo como monarquía parlamentaria.

Poner en cuestión este proceso democrático, como se está haciendo hoy por los partidos de la izquierda radical y separatistas, supone una amenaza directa al régimen constitucional a la que hay que responder.

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